Hostal Plaza
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3 min.
Zaragoza es una ciudad perfecta para explorar sin prisas, con el calzado adecuado y una buena dosis de curiosidad. A diferencia de otras grandes capitales, aquí las distancias son manejables y los principales atractivos están concentrados en un área que se disfruta caminando. A continuación, te proponemos una ruta a pie ideal para recorrer Zaragoza en un día o dividirla en dos si se desea saborear cada rincón con más calma. El punto de partida no podía ser otro que la Plaza del Pilar, justo donde se encuentra el Hostal Plaza Boutique.
Desde la puerta del hostal, ya se contempla la imponente Basílica del Pilar. Entrar a su interior es casi un ritual: la Santa Capilla, las pinturas de Goya y el impresionante retablo barroco merecen una parada serena. Subir a la torre para contemplar la panorámica del Ebro y los tejados del casco antiguo es una excelente manera de comenzar la jornada. Al salir, no hay que perderse la Fuente de la Hispanidad ni el monumento a Goya que preside uno de los extremos de la plaza.
Bordeando la Lonja, un elegante edificio renacentista que acoge exposiciones temporales, se llega al Ayuntamiento y a la Catedral del Salvador (la Seo), otro de los imprescindibles de la ciudad. La Seo combina arte mudéjar, gótico y barroco, y en su interior se encuentra el Museo de Tapices, considerado uno de los más valiosos de Europa. Tras contemplar su torre desde la Plaza de San Bruno, el paseo continúa hacia el Puente de Piedra. Cruzarlo es un privilegio, sobre todo al atardecer, cuando el reflejo del Pilar sobre el Ebro regala una de las postales más memorables de Zaragoza.
En la otra orilla aguarda el Balcón de San Lázaro, perfecto para hacer una pausa con vistas. Si se desea continuar por la ribera, el Parque Macanaz ofrece senderos tranquilos junto al río. Tras esta escapada natural, conviene volver al casco antiguo para adentrarse por la calle Alfonso I, una vía peatonal que conecta directamente con la Plaza del Pilar y está llena de tiendas, pastelerías y ambiente local. En ella se encuentra también el Pasaje del Ciclón, una galería modernista que guarda el encanto de las viejas tiendas de Zaragoza.
El recorrido sigue por la calle Mayor hasta llegar al Arco del Deán, una joya gótica que conecta dos antiguos edificios religiosos. A pocos metros, la Iglesia de la Magdalena y la Plaza de Santa Marta invitan a seguir explorando la Zaragoza más medieval. Muy cerca se halla también el Museo del Teatro de Caesaraugusta, con un graderío romano sorprendentemente bien conservado.
Para el mediodía, el mejor plan es dejarse llevar por el Tubo, el famoso entramado de calles estrechas donde abundan bares, bodegas y tascas. Aquí se vive el tapeo como una forma de vida. Después de comer, la ruta puede continuar hacia la Plaza de San Felipe, el Museo Pablo Gargallo o la Plaza del Justicia, donde una fuente de hierro y una escultura homenaje al “Nubepensador” invitan a detenerse.
Por la tarde, el paseo se amplía hasta la Plaza de los Sitios, con su imponente monumento a los héroes de los Sitios de Zaragoza y el Museo de Zaragoza, o incluso llegar al Parque Grande José Antonio Labordeta si el día se alarga. Pero si se dispone de poco tiempo, culminar la ruta en el Patio de la Infanta, oculto en la sede de Ibercaja en Plaza Paraíso, puede ser el broche perfecto: un rincón renacentista que combina arte, historia y serenidad.
Zaragoza se descubre mejor a pie, y alojarse en un hostal en el centro de Zaragoza, como el Hostal Plaza Boutique, permite comenzar y terminar cada jornada justo donde late el corazón de la ciudad. Desde aquí, todo queda a un paseo.
* Imagen de https://www.turismodearagon.com/ficha/catedral-del-salvador-de-zaragoza-la-seo/
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